"Mas los bravos que unidos juraron, su feliz libertad sostener; a esos tigres sedientos de sangre, fuertes pechos sabrán oponer"

domingo, 31 de julio de 2011

El Patriota de delantal.


El servicio y la entrega del Dr. René Favaloro.

Hacía unas semanas, como hago siempre que mis tiempos lo permiten, fui a merodear varias librerías a ver qué cosa nueva se publicaba. Visité los rincones de filosofía, ensayos, sociología,  pero siempre finalizo en el mismo lugar, historia.
Allí mis ojos recorrían rápidamente los títulos de montones de libros acurrucados sobre el estante.  Muchos ya conocidos. Empero, en esa veloz pasada, se centraron en una pregunta a modo de título. ¿Conoce usted a San Martín? Rápidamente mi orgullo izo esbozo de sonrisa,” ¡cómo no conocer al gran Capitán!”  Y sin más, proseguí con la vista hasta clavarse hondamente en un nombre, su autor; un humilde escritor ajeno profesionalmente al mundo de las letras. Se reflejó entonces la sorprendente distinción, René G. Favaloro.
Mi memoria comenzó a ejercitarse para retrotraer a modo de archivo, todo aquello concerniente a este hombre.  Poco sabía, mucho estaba despertando al respecto. Entonces, sintetizó mis pensamientos la siguientes oraciones y palabras: “Fundación”, “Bypass”, “Médico”, “Suicidio”, “un gran hombre”….
Tomé atónito aquel pequeño libro y comenzé su lectura. Cada tanto, lo cerraba, dejando mi dedo índice en la hoja para no perderla. Y volvía a mirar el nombre del autor. Rene G. Favaloro.
¿Qué hace un médico escribiendo sobre el general San Martín? Me preguntaba. Hallándome desconcertado, al desconocer completamente el entusiasmo de Favaloro por la historia, la hazaña de grandes personajes, los principios, la ética, los valores, la Patria.
Mientras recorría aquel interesante bosquejo sobre la vida del Libertador, puede hallar la simetría entre estos dos personajes. Quien escribe, sobre de quien escribía.  Reflexione al respecto, que pese a que uno ostentaba un uniforme de armas y el otro un guardapolvo blanco, los unía antes que nada, la vocación de servicio desinteresado, la entrega en vida en aras del bien común, el fervor patrio y el culto hacia el honor y la verdad.
Ambos actores extinguieron su vida por su país. Pudiéndose  quedar acumulando riquezas, uno en Buenos Aires o Chile liberado, el otro en Estados Unidos donde le ofrecían millonarias cifras por sus conocimientos en medicina, prefirieron darse a su Patria; consumando sus fuerzas en pos de una siembra que aún no se cosecha. San Martín muere apenado en el exilio. Favaloro se suicida de un disparo.
¿Por qué los grandes hijos de este país finalizan su vida de forma trágica, cruel, y aún en la posteridad bajo la sombra del olvido?  ¿Cuál es la razón casi a modo de comedia surrealista que lleva a los individuos corruptos y malhechores a gozar de cuánto pueden a costa del sufrimiento ajeno, y aquellos que se dan a los demás solo hallan penurias, persecuciones, y derrota?  Cristo mismo padeció en la cruz, ¿será acaso esa la recompensa de los hombres de buena voluntad? …
Hoy no escribo sobre personajes románticos de la historia nacional. No expondré acerca de Brown, las aventuras curiosas del corso de Bouchard, ni de la valentía de Güemes, ni de Belgrano, ni siquiera del mismo San Martín. No. Quiero dar mi humilde exposición, a modo de homenaje y reconocimiento, sobre un prócer más moderno. Que no lució otro uniforme más que un delantal. No comando ejércitos, ni escuadras. Ni figura en una épica estatua ecuestre en alguna plaza. No mató, ni ajusticio, ni nada de ello. Como quien dice, hiso patria de una manera brillante. Salvando vidas. Sin otro fin que ese, devolviendo vitalidad y alegría a familias e individuos agonizantes y desesperados.
Atendió pobres, sin recibir ni pedir nada al respecto. Alzó siempre su voz denunciando a aquellos vándalos y partidarios del dinero que todo lo echan a perder. Se formó, estudió y perseveró. Y todo ello, lo volcó a su país. De esta manera comprendo la razón de aquel libro que brindó Favaloro al público. Pasó, como él dice, tres semanas encerrado leyendo, investigando y analizando la vida del Libertador.  
Hay algo que no puedo dejar desapercibido. Poco antes de quitarse la vida en su despacho, Favaloro escribe una carta donde hace mención a semejante decisión. A ello atribuye claros designios de derrota. La nula respuesta de  considerados individuos para socorrer a su fundación endeudada a raíz de sus desinteresados servicios. El progreso impune de aquella raza de mentirosos, oportunistas y corruptos. Apunta a la sociedad enferma de egoísmo y ceguera. En fin. Dejaré que el lector la lea, se conmueva y por ende tome sus reflexiones al respecto.
Todos los grandes hombres coinciden en algo pese a los siglos, obra y realidades que los distancia. El servicio en aras del bien ajeno. El Martín Fierro da una cálida enseñanza al respecto:

"Y he de decir ansí mismo
porque de dentro me brota,
que no tiene patriotismo
quien no cuida al compatriota"

Yo por mi parte, brindo este breve escrito como un humilde homenaje a quien llamaré el Medico de la Patria. Un digno hijo que admiró a San Martín por su coherencia entre las ideas, las palabras, y la obra; su rectitud en la vida, su entrega hacia los más necesitados. Por ello, el gran Capitán no es más que aquel que vivió como él. ¡Dios los tenga en su Gloria!

Carta del Dr. René Favaloro poco antes de su deceso.
“Creo que vale la pena leerla con detenimiento y reflexionar que cosas aún tienen arreglo en Argentina y que cosas ya no sirven y son descartables. Pero por sobre todo creo que hoy en nuestro país lo que necesitamos es distinguir claramente cuáles son las cosas por las que vale la pena luchar, por las que vale la pena invertir nuestro tiempo y nuestra energía apostando a un futuro mejor.
Este creo que no es un mensaje de muerte, sino un mensaje de vida dirigido a todos nosotros argentinos de cualquier credo y orientación política.
"Si se lee mi carta de renuncia a la Cleveland Clinic, está claro que mi regreso a la Argentina (después de haber alcanzado un lugar destacado en la cirugía cardiovascular) se debió a mi eterno compromiso con mi patria. Nunca perdí mis raíces.. Volví para trabajar en docencia, investigación y asistencia médica. La primera etapa en el Sanatorio Güemes, demostró que inmediatamente organizamos la residencia en cardiología y cirugía cardiovascular, además de cursos de post grado a todos los niveles.
Le dimos importancia también a la investigación clínica en donde participaron la mayoría de los miembros de nuestro grupo.
En lo asistencial exigimos de entrada un número de camas para los indigentes. Así, cientos de pacientes fueron operados sin cargo alguno. La mayoría de nuestros pacientes provenían de las obras sociales. El sanatorio tenía contrato con las más importantes de aquel entonces.
La relación con el sanatorio fue muy clara: los honorarios, provinieran de donde provinieran, eran de nosotros; la internación, del sanatorio (sin duda la mayor tajada).
Nosotros con los honorarios pagamos las residencias y las secretarias y nuestras entradas se distribuían entre los médicos proporcionalmente.
Nunca permití que se tocara un solo peso de los que no nos correspondía.
A pesar de que los directores aseguraban que no había retornos, yo conocía que sí los había. De vez en cuando, a pedido de su director, saludaba a los sindicalistas de turno, que agradecían nuestro trabajo.
Este era nuestro único contacto.
A mediados de la década del 70, comenzamos a organizar la Fundación. Primero con la ayuda de la Sedra, creamos el departamento de investigación básica que tanta satisfacción nos ha dado y luego la construcción del Instituto de Cardiología y cirugía cardiovascular.
Cuando entró en funciones, redacté los 10 mandamientos que debían sostenerse rajatabla, basados en el lineamiento ético que siempre me ha acompañado.
La calidad de nuestro trabajo, basado en la tecnología incorporada más la tarea de los profesionales seleccionados hizo que no nos faltara trabajo, pero debimos luchar continuamente con la corrupción imperante en la medicina (parte de la tremenda corrupción que ha contaminado a nuestro país en todos los niveles sin límites de ninguna naturaleza). Nos hemos negado sistemáticamente a quebrar los lineamientos éticos, como consecuencia, jamás dimos un solo peso de retorno. Así, obras sociales de envergadura no mandaron ni mandan sus pacientes al Instituto.
¡Lo que tendría que narrar de las innumerables entrevistas con los sindicalistas de turno!
Manga de corruptos que viven a costa de los obreros y coimean fundamentalmente con el dinero de las obras sociales que corresponde a la atención médica.
Lo mismo ocurre con el PAMI. Esto lo pueden certificar los médicos de mi país que para sobrevivir deben aceptar participar del sistema implementado a lo largo y ancho de todo el país.
Valga un solo ejemplo: el PAMI tiene una vieja deuda con nosotros, (creo desde el año 94 o 95) de 1.900.000 pesos; la hubiéramos cobrado en 48 horas si hubiéramos aceptado los retornos que se nos pedían (como es lógico no a mí directamente).
Si hubiéramos aceptado las condiciones imperantes por la corrupción del sistema (que se ha ido incrementando en estos últimos años) deberíamos tener 100 camas más. No daríamos abasto para atender toda la demanda.
El que quiera negar que todo esto es cierto que acepte que rija en la Argentina, el principio fundamental de la libre elección del médico, que terminaría con los acomodados de turno.
Los mismo ocurre con los pacientes privados (incluyendo los de la medicina prepaga) el médico que envía a estos pacientes por el famoso ana-ana , sabe, espera, recibir una jugosa participación del cirujano.
Hace muchísimos años debo escuchar aquello de que Favaloro no opera más! De dónde proviene este infundio?Muy simple: el paciente es estudiado. Conclusión, su cardiólogo le dice que debe ser operado. El paciente acepta y expresa sus deseos de que yo lo opere. ‘Pero cómo, usted no sabe que Favaloro no opera hace tiempo?’. ‘Yo le voy a recomendar un cirujano de real valor, no se preocupe’. El cirujano ‘de real valor’ además de su capacidad profesional retornará al cardiólogo mandante un 50% de los honorarios!
Varios de esos pacientes han venido a mi consulta no obstante las ‘indicaciones’ de su cardiólogo. ‘¿Doctor, usted sigue operando?’ y una vez más debo explicar que sí, que lo sigo haciendo con el mismo entusiasmo y responsabilidad de siempre.
Muchos de estos cardiólogos, son de prestigio nacional e internacional.
Concurren a los Congresos del American College o de la American Heart y entonces sí, allí me brindan toda clase de felicitaciones y abrazos cada vez que debo exponer alguna ‘lecture’ de significación. Así ocurrió cuando la de Paul D. White lecture en Dallas, decenas de cardiólogos argentinos me abrazaron, algunos con lágrimas en los ojos. Pero aquí, vuelven a insertarse en el ‘sistema’ y el dinero es lo que más les interesa.
La corrupción ha alcanzado niveles que nunca pensé presenciar. Instituciones de prestigio como el Instituto Cardiovascular Buenos Aires, con excelentes profesionales médicos, envían empleados bien entrenados que visitan a los médicos cardiólogos en sus consultorios. Allí les explican en detalles los mecanismos del retorno y los porcentajes que recibirán no solamente por la cirugía, los métodos de diagnóstico no invasivo (Holter eco, camara y etc., etc.) los cateterismos, las angioplastias, etc. etc., están incluidos..
No es la única institución. Médicos de la Fundación me han mostrado las hojas que les dejan con todo muy bien explicado. Llegado el caso, una vez el paciente operado, el mismo personal entrenado, visitará nuevamente al cardiólogo, explicará en detalle ‘la operación económica’ y entregará el sobre correspondiente!.
La situación actual de la Fundación es desesperante, millones de pesos a cobrar de tarea realizada, incluyendo pacientes de alto riesgo que no podemos rechazar. Es fácil decir ‘no hay camas disponibles’.
Nuestro juramento médico lo impide.
Estos pacientes demandan un alto costo raramente reconocido por las obras sociales. A ello se agregan deudas por todos lados, las que corresponden a la construcción y equipamiento del ICYCC, los proveedores, la DGI, los bancos, los médicos con atrasos de varios meses.. Todos nuestros proyectos tambalean y cada vez más todo se complica.
En Estados Unidos, las grandes instituciones médicas, pueden realizar su tarea asistencial, la docencia y la investigación por las donaciones que reciben.
Las cinco facultades médicas más trascendentes reciben más de 100 millones de dólares cada una! Aquí, ni soñando.
Realicé gestiones en el BID que nos ayudó en la etapa inicial y luego publicitó en varias de sus publicaciones a nuestro instituto como uno de sus logros!. Envié cuatro cartas a Enrique Iglesias, solicitando ayuda (¡tiran tanto dinero por la borda en esta Latinoamérica!) todavía estoy esperando alguna respuesta. Maneja miles de millones de dólares, pero para una institución que ha entrenado centenares de médicos desparramados por nuestro país y toda Latinoamérica, no hay respuesta.
¿Cómo se mide el valor social de nuestra tarea docente?
Es indudable que ser honesto, en esta sociedad corrupta tiene su precio. A la corta o a la larga te lo hacen pagar.
La mayoría del tiempo me siento solo. En aquella carta de renuncia a la C. Clinic , le decía al Dr. Effen que sabía de antemano que iba a tener que luchar y le recordaba que Don Quijote era español!
Sin duda la lucha ha sido muy desigual.
El proyecto de la Fundación tambalea y empieza a resquebrajarse.
Hemos tenido varias reuniones, mis colaboradores más cercanos, algunos de ellos compañeros de lucha desde nuestro recordado Colegio Nacional de La Plata, me aconsejan que para salvar a la Fundación debemos incorporarnos al ‘sistema’.
Sí al retorno, sí al ana-ana.
‘Pondremos gente a organizar todo’. Hay ‘especialistas’ que saben como hacerlo. ‘Debes dar un paso al costado. Aclararemos que vos no sabes nada, que no estás enterado’. ‘Debes comprenderlo si querés salvar a la Fundación’
¡Quién va a creer que yo no estoy enterado!
En este momento y a esta edad terminar con los principios éticos que recibí de mis padres, mis maestros y profesores me resulta extremadamente difícil. No puedo cambiar, prefiero desaparecer.
Joaquín V. González, escribió la lección de optimismo que se nos entregaba al recibirnos: ‘a mí no me ha derrotado nadie’. Yo no puedo decir lo mismo. A mí me ha derrotado esta sociedad corrupta que todo lo controla. Estoy cansado de recibir homenajes y elogios al nivel internacional. Hace pocos días fui incluido en el grupo selecto de las leyendas del milenio en cirugía cardiovascular. El año pasado debí participar en varios países desde Suecia a la India escuchando siempre lo mismo.
‘¡La leyenda, la leyenda!’
Quizá el pecado capital que he cometido, aquí en mi país, fue expresar siempre en voz alta mis sentimientos, mis críticas, insisto, en esta sociedad del privilegio, donde unos pocos gozan hasta el hartazgo, mientras la mayoría vive en la miseria y la desesperación. Todo esto no se perdona, por el contrario se castiga.
Me consuela el haber atendido a mis pacientes sin distinción de ninguna naturaleza. Mis colaboradores saben de mi inclinación por los pobres, que viene de mis lejanos años en Jacinto Arauz.
Estoy cansado de luchar y luchar, galopando contra el viento como decía Don Ata.
No puedo cambiar.
No ha sido una decisión fácil pero sí meditada.
No se hable de debilidad o valentía.
El cirujano vive con la muerte, es su compañera inseparable, hable de debilidad o valentía.
El cirujano vive con la muerte, es su compañera inseparable, con ella me voy de la mano.
Sólo espero no se haga de este acto una comedia. Al periodismo le pido que tenga un poco de piedad.
Estoy tranquilo. Alguna vez en un acto académico en USA se me presentó como a un hombre bueno que sigue siendo un médico rural. Perdónenme, pero creo, es cierto. Espero que me recuerden así.
En estos días he mandado cartas desesperadas a entidades nacionales, provinciales, empresarios, sin recibir respuesta.
En la Fundación ha comenzado a actuar un comité de crisis con asesoramiento externo. Ayer empezaron a producirse las primeras cesantías. Algunos, pocos, han sido colaboradores fieles y dedicados. El lunes no podría dar la cara.
A mi familia en particular a mis queridos sobrinos, a mis colaboradores, a mis amigos, recuerden que llegué a los 77 años. No aflojen, tienen la obligación de seguir luchando por lo menos hasta alcanzar la misma edad, que no es poco.
Una vez más reitero la obligación de cremarme inmediatamente sin perder tiempo y tirar mis cenizas en los montes cercanos a Jacinto Arauz, allá en La Pampa.
Queda terminantemente prohibido realizar ceremonias religiosas o civiles.
Un abrazo a todos René Favaloro"

miércoles, 13 de julio de 2011

PANFLETO. El Tambor de Tacuari. 1ra Publicacion


Algunas reflecciones para antes de votar.

Al Ciudadano:

Un panfleto es una forma de escribir. Breve, concisa, fuerte y a veces violenta. Desprovisto de toda elegancia, pomposidad expresiva y desarrollo profundo de las temáticas. Traza cada letra bajo el impulso de una mano acelerada, movida por el nervio de un corazón comprimido por la impotencia y la desilusión.  Una mente en funcionamiento trata de resumir incontables expresiones y sentimientos bajo el fugaz dictamen de las ideas propias que se plasman sobre el papel.
Así es esta forma de expresarse. Así es el presente escrito que brindo al ciudadano. ¿Bajo qué finalidad? El desahogo, y quizás generar la duda a algún curioso. Pero sin otro objeto, que contribuir a esa reflexión opaca y mediocre que es tristemente la opinión pública de hoy.
El presente año convoca una vez más a la ciudadanía a elegir sus representantes. Esto es de seguro, uno de los gestos más gratos y hermoso que da la democracia. Sistema tan inestable, corruptible y lleno de falencias, pero el mejor de los que  ha pensado el  hombre;  y el más oportuno para regir la organización y el orden del  país.
Esta democracia, hoy utilizada y distorsionada con fines partidarios y faccionistas, no es como muchos actores de la política la tildan o la cuentan. Porque éstos pérfidos no son democráticos cuando buscan morir con el poder; ese lugar ostentoso, dominante y de autoridad con que sueña cada individuo en actividad política. Se olvidan acaso, que todo lo mortal y que deriva de la mano y la idea del hombre  perece, se descompone, y ya la física da su exposición cuando indica que todo cuerpo que sube, luego  desciende hasta el punto de partida, o más abajo aún. Todos aquellos ingratos enamorados de su propia figura, y deseando aquella expresión algebraica y general de todos los goces y placeres, que es el poder, han buscado y perseguido celosamente esa imposible finalidad de perpetuarse en algún cargo. Tarde o temprano, valla a saberse porque, aquel pedestal en donde se apoya se desmorona, y éstos caen aplastados por sus propios cimientos. La historia nos ilustra con seguidos ejemplos de esto. Cayo Julio traspasado por los puñales del Senado, Nerón asesinado, Luis XVI guillotinado, Robespierre víctima de su propia herramienta de sumisión – la guillotina-, Bonaparte desterrado, Nicolás II ejecutado, Mussolini colgado sobre unos tirantes como un fiambre; y fijando las vistas en nuestros país hallamos a Saavedra depuesto, a Rosas derrotado y exiliado, a Perón derrocado, tan odiado como amado; y a los Dictadores del Proceso o muertos, o en prisión o condenados ético moralmente por la opinión general del país. Pocas son las excepciones de aquellos que lograron de alguna manera esquivar cierta finalidad tormentosa o cruenta en el ocaso de su poder.
La crisis muy recordada de diciembre del 2001 tenía por consigna “Que se vayan todos”. Y hoy, si contemplamos a los individuos que frecuentaron ese efectivo desastre, los rostros son idénticos a los presentes. Valla simetría, las mismas sanguijuelas que se nutren de la función pública; dejando al país desprovisto de toda célula vital que lo haga crecer y desarrollarse. Como los parásitos que todo lo descomponen, así son la clase dirigente que siempre ha tenido esta democracia desde su retorno en 1983. La diferencia es que éstos engordan sus bolsillos, desproveyendo de todo a los hogares argentinos.
No es mi intención hacer partido, ni propaganda por nadie. No la hago porque a nadie considero digno de mis simpatías. No tengo más partido que mi Patria, ni más ideal que ver nuestra República por los justos senderos de progreso y prosperidad. El mismo anhelo de los hombres de Mayo tras su gesta cuando deseaban entregar a la posteridad un país nuevo, libre y medianamente organizado para que éstos luego,  lo conduzcan favorablemente en aras del bien general.  Aquellas sanas aspiraciones por la cual no pocos hombres – anónimos o no- sacrificaron lo más sagrado y libre de una persona que es la propia vida, sea en los campos de batalla, en los escritorios, o en el mismo transitar de la vida,  quedaron enmohecidas por los venenos letales de la corrupción mundana y oportunista que rige hasta hoy, los corazones de casi todos los individuos públicos. Como muere Moreno, como finaliza su vida el ilustre Belgrano; y la tristeza en el exilio del gran San Martín dan clara expresión de esto que digo.
Empero, es menester hablar del actual gobierno. Primero: porque ya finalizando su mandato hay que evaluar su gestión. Segundo: porque la cabeza suprema de este “modelo” no desea abandonar su asiento en el sillón de Rivadavia. Tercero: porque es deber de todo ciudadano que se considera tal, dar su opinión al respecto.
¿Cómo calificar al presente gobierno? Muchos toman como regla de medición su propio bolsillo. No es injusto este tipo de observación, ya que la finalidad de un gobierno es garantizar el orden, la administración y conservación del cuerpo social. Y éste no se conserva ni perdura,  si no es creciendo y desarrollándose. Pero carece de justicia completa al fijar únicamente la vista sobre el propio bienestar, y no sobre el común o el de la mayoría. Se dice, y con razón. “Hay orden institucional y bonanza económica.” En algunos aspectos, pero varios hombres de autoridad al respecto señalan que el país no está a la altura de crecimiento como varios otros países que incluso limitan con el nuestro (Uruguay, Brasil y Chile).
Es propio de los mediocres y conformistas mirar la situación ajena. Y es más apenante aún, no conocer los potenciales de uno. Argentina en estos 8 años de hegemonía del llamado “modelo nacional y popular” ha sido como esos individuos tristes y resignados que se contentan con pocos logros en la vida, perdiendo así de vista todo ideal superior de avanzar y crecer por haber desconocido o ignorado sus cualidades. Las características de nuestra Republica tanto en recursos históricos, naturales y hasta humanos son de gran magnitud. El error se halla en quienes tienen la responsabilidad de preservarlos y multiplicarlos. He aquí la resultante de tanta desdicha.
Pero a esto que expongo añadiría. “Mirar la educación. Mirar la industria, y el campo. Mirar la seguridad interna del país…mirar los pobres y marginados. ¿Qué conclusión hallamos? Evidentemente estamos ante un engaño retórico de discursos y estratagemas de unos astutos, o unos necios que los creen y aplauden. Considero las dos cuestiones.
Maquiavelo, el gran estadista y hombre que entendió la política no en absurda teoría, si no como es de acuerdo a como procede el hombre en el poder, expuso en su brillante obra que el engaño es uno de los instrumentos más efectivos por el cual se puede dominar, disponer y acallar. Y que ningún sujeto público si no procede con honradez y prósperos resultado hacia sus gobernados, puede subsistir en el poder ajeno a la manipulación del engaño y la astucia. Una máxima certera que resume el presente.
Y aquel que refutara o cuestionara mi idea le diría. “Miren los incansables esfuerzos que realizan los intendentes del conurbano, el séquito de concejales y ministros, y los caudillos de provincias para obtener votos de las clases más numerosas que son, tristemente las más necesitadas. Esta gente desprovista de toda educación, del conocimiento de sus derechos y deberes; de todo entendimiento situacional, y dominados bajo el imperio de la necesidad son las víctimas de estos bribones y embusteros que expanden la miseria como un medio eficiente por el cual pueden escalar al poder. ¿Quién si tiene hambre y carencias se pone a mirar la Constitución o la Ley?  ¿No acatará las directivas de quien le ofrece vivienda y alimento a cambio de concurrir a actos partidarios y a las urnas a favor de aquel? ¿Quién derrocharía esfuerzos diarios en trabajo si puede subsistir vagamente de los planes sociales que da el gobierno? Deducimos entonces, el fenómeno del clientelismo político y la sencilla razón de porque tantos funcionarios llevan más de una década en ejercicio de sus funciones.  Belgrano no fue el primero en decir que “un pueblo ignorante es fácil de esclavizar”
Y ya que hice mención a la ignorancia, porque no exponer brevemente sobre su remedio. La educación. La base de la riqueza social, de donde provienen en gran medida los bienes y males de la sociedad. Es la industria más propensa al desarrollo. Sus efectos se plasman sobre el hombre, haciéndolo pensar, expresarse, deducir, instruirse, aportar. Un gran medio para anular la epidemia de la pobreza que sujeta a los individuos reduciéndolos a meros vagos y ociosos, delincuentes, o simplemente mendigos. ¡Triste y vergonzoso final para una persona!
Pero parece que los ministros y hombres de éste área, entienden a la educación como la mera acción de repartir computadoras o trocar los planes de estudios que bien saben, son obsoletos y estériles. Yo, que soy un joven de temprana edad se la manera de pensar del estudiante y es que aquél aparato lo utilizará con fines de entretenimiento y no de estudios. Pero esto también lo comprenden los ministros, nada más que intentan ganarse el favor de éstos.
El estado ruinoso de muchas escuelas, colegios y universidades; los estudiantes enloquecidos e indisciplinados como muchos docentes, que toman colegios, reclaman aumentos de sueldos, y el apagado pensar que es propio de los jóvenes de hoy da la exposición definida de cómo es la educación para este gobierno.
Se dice que es obligación de los padres mandar a sus hijos a la escuela, si así no fuese la Ley los sanciona con determinada pena. Jamás he visto a algún padre condenado por la negligencia y alarmante descuido de no  educar a su prole. Hay una realidad, y es que el Estado debe garantizar los medios para que estas familias estén en condiciones de enviar a sus hijos a los establecimientos públicos. Pero ni una ni otra cosa se cumplen.
Pasaría horas, analizando y escribiendo acerca del presente miserable de nuestra educación, y de que ésta es uno de los medios más necesarios y eficientes por el que un gobierno debe fomentar con agudo celo. Pero ya dije que esto es un panfleto, y debo contentarme con escribir simples enunciados. Dejaré a cada lector sacar las respectivas conclusiones.
El trabajo es otra de las fuentes inagotables de nutrición de una población. Si se entiende que cada familia progresa de acuerdo a su economía doméstica, y ésta se resume en lo que ganan los que aportan al hogar particular, descuidar dicho factor por parte del Estado es un crimen con funestas consecuencias. Por consiguiente toma vigor la pobreza en sus más abarcativas expresiones y porciones, y el país abrumado por tanta desdicha cae en la desgracia.
¿Y cómo obra el presente modelo al respecto? Nutriendo a los ociosos con planes sociales, es decir con el pretexto de que éstas familias necesitan de la ayuda del Estado – que nadie objeta lo contrario- para entrar en el círculo de las igualdades de oportunidades, le suministran cierta cantidad de dinero mensual y más aberrante aún por hijo, como si el tener descendencia y velar por su bienestar fuese un premio y no un responsable deber. Pero detrás de tantas ridiculeces y discursos se halla algo de lo que ya hice mención anteriormente. Este conglomerado de familias son las mismas que van a festejar y vivar a la cabeza superior del gobierno, la señora Presidente de la Nación. Aquellas familias en estado de emergencia que no concurran a dichas participaciones de afecto, no se les provee de la bondad del Gobierno.
Es una de los tantos instrumentos por el cual se avasalla a un elevado número, y como la democracia en el sufragio da los gobernantes, de esta forma siendo votados por la mayoría sumisa, se perdura en el cargo. He aquí también, el argumento de porque se disputan acérrimamente los distritos de La Matanza, José C. Paz, y el resto del conurbano. Allí hay elevado número de habitantes, y por ende dóciles de subyugar.
Finalmente otro de los evidentes ángulos por donde muestra inoperancia y descaro el actual gobierno es con el tema de la seguridad.  Sería de mi agrado tratar este urgente tema con mayor pausa, desarrollo y conocimiento, pero ya me justifiqué al respecto.
La falta de cumplimiento del orden interno social por parte del Estado es un crimen aberrante que tiene como víctima al ciudadano inocente. La inseguridad es hija de la pobreza, y se gesta y desarrolla bajo el amparo de gobiernos estancos o dubitativos. Su crecimiento se eleva al de una pandemia, y tomando ya cierto vigor, casi nada la destierra de donde se ha instalado. Desprendemos de aquí las redes de narcotráfico, mafia y delincuencia organizada. ¿Si el Estado que tiene el monopolio de la fuerza no está en condiciones de garantizar la seguridad del cuerpo social, entonces a quien compete la responsabilidad? Sin duda es al Estado, y nada más que a éste. De lo contrario derivaríamos en grupos civiles armados, y quien sabe en qué desorden mayor podría desembocarse. En lo concerniente a la inseguridad no se debe dudar, se debe obrar con la mayor celeridad y método; y si las circunstancias exigen una guerra sin cuartel contra la delincuencia organizada ¡que así se proceda! Pero como hay muchos funcionarios implicados en esta paupérrima aberración, no conviene avanzar demasiado, ya que sus negocios podrían entorpecerse o caducar.
La tinta y mi mano se van agotando. Teniendo pendiente mucho por expresar y decir. Sintiéndome además insatisfecho por el escrito brindado. Empero, ya mencione que es un panfleto y que solo me contentaré con breves oraciones para que el ciudadano o quien lo leyera reflexione y piense un poco. Un poco más allá de su bolsillo, un poco más en su país. No me identifico como opositor, aunque es irónico decirlo al haber tratado de deplorable al gobierno y sus principales flaquezas. Pero yo, en mi calidad de patriota y luego ciudadano,  me veo en obligación a ello. Ninguna persona- y no digo ilustrada ni de grandes reflexiones- más bien de sentido común seguiría apostando a este modelo de “progreso nacional”. El presente apenante es evidente, y los adulones solo lo niegan. El progreso no se obtiene girando a la izquierda, o a la derecha. Se logra avanzando, y esto es hacia adelante. Aunque es difícil avanzar si quien tienes las riendas de la Republica no está en condiciones de ello. Sus preocupaciones está en resolver las ecuaciones de como perdurar y extenderse en el ejercicio del poder. Así, difícilmente se llegue al sueño de Mayo: un país feliz. Mientras la ciudadanía siga ignorando los terribles sucesos que se dieron a conocer de muchos actores de este gobierno como las valijas con coimas de Antonini Wilson, la bolsa con abundante dinero de la ex ministra de economía, el enriquecimiento inexplicable de Jaime y el matrimonio presidencial; la absurda intervención del Indec, la confrontación como único medio de logros; la constante difamación de las Fuerzas Armadas so pretexto de los agravios cometidos por generaciones pasadas ajenas a las actuales; el descuido de los recursos naturales; el empobrecimiento general del país; el reciente caso Schoklender, y muchísimos oprobios que aún lamentablemente permanecen ocultos, y no se han dado a conocer.
Yo anhelo fervientemente la prosperidad de mi país. Y por este deseo ardoroso que he emprendido este escrito, con la conciencia de no cambiar nada pese haber desahogado mi corazón. Espero del argentino el mayor de los compromisos a la hora del sufragio. Allí reside en cierta manera, el ocaso de tanta desdicha. No digo que el resto de los candidatos sean mejores o más gratos, quizás iguales a los actuales. Pero bien se cómo fue, es y seguro será, el actual gobierno. No lo apetezco para la Republica.
La historia que siempre ilustra a quien está dispuesto a aprender, enseña que muchísimos presidentes y gobernantes en sus segundos mandatos se fueron difamados por la opinión pública, cuando ya sus vilezas e infamias se han revelado de forma evidente. Roca se fue desprestigiado de su segundo mandato. Irigoyen derrocado. Perón igual. Menem recordado por cierta porción de los argentinos como sinónimo de corrupción, mentira y marginalidad del país. ¡Quien sabe que sucederá con la señora Presidente luego de cuatro años!…Yo solo espero ver de una vez, a mi país en el lugar que se merece. Encaminado hacia la prosperidad.
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Mar del Plata, 13 de Julio del año 2011. En vísperas de las elecciones presidenciales.
La Guardia del Sur.







lunes, 20 de junio de 2011

El Hijo de la Revolución.


“Mucho me falta para ser un verdadero padre de la Patria, me contentaría con ser un buen hijo de ella” Manuel Belgrano

¿Cómo empezar a escribir sobre la vida de este hombre? ¿Cómo describirlo con exactitud; contemplar sus virtudes en su más general expresión: su propia vida? ¿Cómo no encolerizarse al ver tantos ingratos individuos que ostentan el afecto y el culto de casi todo un país, perdiendo de vista y olvidando a este sujeto de la Revolución que pasa casi al anonimato, arrastrado por amorfas e insípidas modas de la cultura?
Belgrano fue el argentino por excelencia. El más puro, más entregado, el más humilde y brillante. El que desde un escritorio pensó el país. Y pues, cuando las campanas tocaban y agitaban los aires para grandes cambios él estuvo allí, gestando ese cambio. Una brusca transformación que impulsada por los nervios de grandes corazones tenía la finalidad de construir un país diferente. Ajeno a pesadas cadenas. Distinto al despotismo imperante en la Europa y el resto del globo. Una tierra donde cada uno sea digno de cosechar lo que siembra, en el que ningún mandón le arrebate lo que le pertenece: la libertad. No obstante, pronto se convenció de que las utopías y las ideas románticas quedan impresas en los libros. La realidad de aquel presente era incompatible con aquellas ilusorias aspiraciones.
El clarín llamó. Era preciso conquistar a un alto precio esa libertad. Carente de experiencia militar y de conocimientos necesarios en lo que es la guerra, forjó con su indomable voluntad y celo las condiciones necesarias para guiar a sus hombres a la victoria en el campo de Marte. “No es lo mismo vestir el uniforme militar que serlo” expresó varias veces en sus correspondencias. Pese a ello demostró notables capacidades por sobre muchos que habían sido instruidos en los modernos ejércitos del viejo mundo.
¿Qué emanaba este hombre para persuadir a su tropa de que el acero y el cañón enemigo son un mero obstáculo hacia el anhelo de la Revolución? Patriotismo.
Aquella magna virtud fue la que reconstruyó un Ejército aniquilado en las pampas de Huaqui. Lo organizó, lo abasteció y lo dotó de espíritu bélico capaz de batirse sin dubitaciones ante el enemigo. Les enseñó que su lucha sería el premio que ofrendarían a la posteridad por un país independiente. Y en un trozo de tela, plasmó la definición de esa enseñanza.  Que dio a conocer por segunda vez a los habitantes de Jujuy en el segundo aniversario de la Revolución. La bandera que los distinguía ahora de las demás naciones, empezaba a grabarse indeleblemente en muchos corazones.
Su talento en las negociaciones y comprensiones del pueblo atrajo para la causa la simpatía que una vez se perdió, de los habitantes del Norte y el Alto. Fieles sostenedores del esfuerzo de aquél General donaron todas sus pertenencias con el fin de abastecer y colaborar a fundir de una vez esas pesadas cadenas. Como si la historia exigiera  un hecho épico y memorable, toda la población de Jujuy y sus cercanías se plegó junto con él a un éxodo. Aplicando así la arriesgosa  táctica de la tierra arrasada.
Desde Buenos Aires se le envían directivas ordenando el repliegue de sus fuerzas hacia Córdoba dejando a las poblaciones del Norte al libre antojo de las tropas enemigas. Su prudencia siempre sometida al recto juicio le hiso comprender que directivas acatar, y que no era conveniente para la marcha de la gesta de Mayo. Si ejecutaba las órdenes insistentes de retirarse sin presentar batalla iba a mostrar total contradicción entre el valor que pregonaba y la actitud cobarde que iba a llevar a cabo. ¿Cómo no dar la vida por aquellos hombres, mujeres y pequeños que vivaron a cara descubierta la Bandera celeste y blanca en esa celebración del segundo aniversario del 25 de Mayo? Entendía que sus fuerzas no podían oponerse victoriosas a las numerosas hordas del enemigo que bajan desde el  Alto Perú ebrias de nuevas victorias y con decidida ansiedad de aplastar a la propia Buenos Aires. De escarmentar uno por uno a los rebeldes y osados aventureros; los herejes, los traidores del Rey y la Santa Religión como habitualmente se los descalificaba.
Pero no podía ni debía permitirse más vacilaciones, ni medidas tímidas que enfriaran el nervio revolucionario. Como Leónidas I de Esparta, fue a pelear con lo que contaba. Cumpliendo así la máxima de todo combatiente de “Matar o morir”.


Batalla de Tucumán, 24 Septiembre 1812
Su talento y el fervor con que revistió a su tropa bastó, y mucho, para doblegar fieramente al confiado Ejército del Rey en Tucumán que, huyendo desorganizado hasta Salta volvió a ser vencido, y ahora de una manera jamás vista en toda América: Belgrano a través de unas maniobras por los cerros salteños consiguió desestabilizar al enemigo y una vez atacado al mismo, capturó desde su arrogante jefe, el general Tristán, hasta el último soldado.
Batalla de Salta, 20 de Febrero de 1813
Ahora se encontraba con casi tres mil hombres como prisioneros de guerra. ¿Qué hacer al respecto? No pocos de sus oficiales le encomendaron la ejecución de los mismos. Pero él, que soñaba con la paz pese a vestir un uniforme de armas, y que amaba la dignidad humana, concedió al enemigo volver a sus casas bajo la promesa juramentada de no volver a levantarse contra la causa de la Revolución. “Dígale a su general que mi corazón se desgarra al ver derramada tanta sangre americana” le dice Belgrano a un subordinado de Tristán al pedir la capitulación. Su espíritu humilde y contrario a premios ni distinciones mundanas, lo lleva a abrazar a su rival, el jefe enemigo, cuando éste cumpliendo con la tradición de guerra le entrega su espada de mando en señal de rendición que Belgrano le rechaza.
Tal es así que manda a enterrar a todos los caídos de ambos bandos en una fosa común, grabando en ella la inscripción “A los vencedores y vencidos”.
¿Qué hombre luego de coronar su frente con laureles de célebre victoria ha tenido tan grande gesto? ¿Qué figura conocida de la historia ha procedido así? Ninguno. Es esta la razón de porque este General, quizás ausente de pericia militar y demasiado lejos en cuanto al arte de la guerra de un Escipión, Bonaparte, Alejandro, y más cercano quizás San Martín, lo ubica en los escalafones más altos de honor y rectitud de los comandantes en jefe de toda la historia.
Después de Salta, los resultados en la batalla le son adversos. En Vilcapugio, primero; en Ayohuma después. “No importa aún flamea en mis manos la Bandera de la Patria” les dice a sus hombres luego de la adversidad sufrida.
Estaba firmemente decidido a proseguir con aquella justa aspiración de un nuevo país. Ahora portando vestimentas civiles, se involucra en los intensos debates que tenían por finalidad declarar la independencia de España y cualquier potencia del mundo, y por consiguiente organizar el Estado y su respectiva administración con la sanción de una Carta Magna. Entonces, se originan las guerras entre las diversas facciones por el poder y constitución de las Provincias Unidas. Belgrano no toma parte, y se dedica a persuadir de que aquellos crueles enfrentamientos entre hermanos iban a generar una anarquía que haría sucumbir los ideales de Mayo. Y así sucedió.
Este ilustre hombre, no dejó jamás de proclamar a la educación como la base de la riqueza social “de donde provienen ya los males y vicios de la sociedad”. Desde su cargo en el Real Consulado impulsó dicha industria de la virtud y creó las Escuelas de Comercio, Náutica y la academia de geometría y dibujo.  Tras doblegar a los realistas en las batallas del Norte el Gobierno le otorga una suma de dinero de 40.000 pesos fuertes (80kg de oro) para que Don Manuel lo gaste a sus antojos. No obstante, renuncia a dicho premio mostrando así que el bien no tiene que ser premiado puesto ques es lo que se debe hacer; aún más para un hombre público que dice servir a la Patria, y no servirse de ella. Propuso a las autoridades destinarlos a la construcción de establecimientos educativos. Mientras proseguía en sus ocupaciones de comandante en jefe del Ejército, dedicó tiempo para redactar el estatuto y normas para dichas escuelas. No obstante, ni el dinero, ni las escuelas aparecieron.  Una vez más tomaban ventaja los “partidarios de sí mismos” como los calificaba el ilustre General.
Pudiendo ser rico, muy rico, y proseguir con los negocios de su padre o quizás, ser un hombre vulgar más ajeno a la Revolución. Un oportunista – como tantos que hubo- que en la cima de la causa de Mayo (los triunfos de Suipacha, Tucumán, Salta, Montevideo, etc.) se proclamaban adeptos a esos ideales y pues, cuando la suerte era adversa mudaban de partido por ver peligrar sus intereses en una revolución agonizante.  “La Patria necesita de grandes sacrificios” señalaba siempre, y ésta máxima no quedo en un épico relato u oración romántica. La pregonó y demostró con su vida. Renunció  por propia convicción a ser un padre de familia teniendo hijos, de amar a la mujer;  y de ver crecer su descendencia. Sus hijos no lo conocieron. El pues, estaba combatiendo en el frente o en misiones diplomáticas por el viejo mundo. Construyendo a grandes esfuerzos el país que soñaba dejar al porvenir.
Belgrano antes de morir
La enfermedad lo ajustició toda su vida. Mayor aún en los tiempos de la Independencia. Aquellas pestes que amordazan su salud fueron de seguro otro insuperable obstáculo que, su voluntad sobrehumana logró vadear. Y prosiguió, hasta su deceso, en aras de la Libertad, de la Independencia, del porvenir. Hasta que un 20 de Junio de 1820, en medio de guerras intestinas, perdido el deseo inicial que motivó a la Revolución de Mayo; donde ya la corrupción gobernaba los corazones de los americanos y se combatían por dinero, poder, autoridad y todo ese montículo de lujos que Belgrano despreció y aborreció incansablemente, éste ilustre y héroe de la Patria, que así mismo se hiso llamar hijo de ella, moría abatido por la desgracia, la enfermedad y en la más absoluta pobreza. Cerró sus ojos, sus pulmones cesaron de funcionar; y ese corazón noble cual su médico personal dijo que era más grande que el de un hombre común, dejó de latir. Así tristemente apagó su vida Don Manuel Belgrano, el hombre honesto, culto; el educador, el General del Ejército del Norte; el Jefe de la Expedición al Paraguay; el vencedor de Campichuelo, Tucumán, las Piedras y Salta; el genio del éxodo; el justo, el correcto, el estadista, el individuo de aspiraciones, el abogado, el periodista, el revolucionario; el hombre. El héroe por excelencia de este país.
Dicen que en aquellos días de agonía en la soledad de su cuarto murmuró ¡Ay Patria mía! Aquél suspiro de dolor, de desencanto y mayor de desgarrante desilusión, dejan a todas las generaciones venideras y mayor aún a la presente, la responsabilidad de dar con aquello por lo que  él pensó, peleó y murió: un país feliz. Esa garganta que vivó la Patria, proclamó la libertad y se precipitó contra los enemigos de los desdichados, otorga a cada joven, adulto, a cada argentino el deber de darse a su país. Esto no se traduce a andar haciendo revoluciones, ni emborracharse de meras y tontas ideas; no se expresan en la portación de pomposos uniformes, ni de medallas o condecoraciones; ni de aplausos, ni de éxitos, ni nada mundano propio de piaras y adulones. Es sencillamente ser hombres de bien. Honestos, justos, decentes. Estoy firmemente persuadido que así, tal cual lo creyó el buen Belgrano, las desgracias de hoy vayan mutando en prosperidad de un mañana. Mañana que no tiene que ser lejano. Esa inflada esperanza con la que nos engañamos para no dejar abdicar las sanas aspiraciones, o el justo deseo de un porvenir grato. La revolución más eficaz y durable es la que se realiza en el corazón del hombre. Cuando éste decide aborrecer el mal, y enaltecer el bien. El resto de los levantamientos y de las sediciones que la historia nos presenta han acabado con un régimen nefasto para traer otro de la misma clase, pero de nombre diferente. Tal cual escribió Moreno “…se muda de tiranos, sin haber destruido la tiranía…”
Don Manuel da con su vida la mayor obra, y póstumo legado de un ciudadano revestido de patriotismo.  Dejó una Bandera, como una forma de identidad común ante las grandes distancias de desigualdad que persisten. Esa enseña celeste y blanca, es la que hace abrazar al norteño, con el porteño; al del sur con el cuyano, o al de la Mesopotamia con el de la pampa húmeda. Al argentino, con el argentino.
Es preciso pues, contemplar ese Manto Solemne que en la punta de un mástil se confunde en el cielo. Revalorizar el alto sentido de patriotismo; ya casi extinto en el corazón de la Nación. A causa de ello atribuyo todo el mal presente: El político se enriquece porque no ve más bandera que el dinero y su interés; el sindicalista sonríe ante algunas puertas que se le abren a cambio de traicionar sigilosamente a sus compañeros. El empresario piensa engordar sus bolsillos a costa del hambre de mucha gente. El maestro enseña con desgano y holgazanería; siendo quizás su objetivo llegar a fin de mes y no cultivar las mentes de sus alumnos. El trabajador va apagando la importancia de la cultura del trabajo ante el facilismo y el oportunismo. El joven no ve ejemplos, y entonces se encuentra desorientado, perdido y se siente vacío como persona; ya no será un hombre de bien, si no un salteador, un bribón, un tonto o pusilánime; quizás uno más del montón; de ese conglomerado amorfo e insípido que, como las medusas del mar, son arrastrados por las corrientes.
Todo degenera en un ciclo constante que va descomponiéndose, siendo cada vez más lejano la distancia entre miseria y prosperidad.
¡Ojalá mi generación no tenga que estar en su lecho suspirando, como el pobre Belgrano, ay Patria mía!


“Me hierve la sangre, al observar tantas dificultades, tantos obstáculos que se vencerían rápidamente si hubiese un poco de interés por la Patria”. Manuel Belgrano.


Mar del Plata, 21 de Junio del año 2011.
La Guardia del Sur.

domingo, 12 de junio de 2011

"EL GRITO SAGRADO, de la Revolución de Mayo hacia el ¿a dónde vamos?"

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Una mañana amanecía nublada. Las partículas de humedad de aquella vieja ciudad suspendidas en el aire, iban condensando en pequeñas gotas que mojaban de a poco la tierra de aquellas angostas calles. Hacían barro, y mucho. Dificultaban el paso de las carretas, de los comerciantes y ensuciaban las lustrosas botas de unos jóvenes inquietos.
Pero aquel día no era uno más de las constantes rutinas de ciudad. Pronto algo iba a acontecer. Ya se notaban los síntomas. Nada iba a ser igual. Todo iba a mutar, a cambiar rústicamente. Las ideas, las palabras, la prosa, las convicciones. Se improvisarán ejércitos, escuadras, cuanto brazo desee armarse. Las familias se distanciarán unas de otras. Se harán la guerra. Y habrá guerra. Aquél espectáculo que Marte mismo ansía animar se va a llevar el suspiro de unos cuantos para transformarlos en gritos. Grito de guerra y libertad. Sangre, fervor, traición, magnanimidad, heroísmo, corrupción. Todo en pos de una causa. Causa que gestará una Patria, que ensalzará el nombre de unos simples mortales a los escalafones de Aquiles y Alejandro. Causa que en definitiva será memorable, grandiosa, una épica epopeya. Los sables tajarán cuerpos, aire. El cañón rugirá y hará sus estragos. El genio, el cálculo, la estrategia, la hirviente sangre de un patriota, la garganta que no dejará de enunciar unísonamente, el grito sagrado.


Las tropas estaban formadas. La mirada altiva, serena. El pecho inflado de un pavoroso orgullo. Mientras una improvisada banda tocaba melódicas estrofas, los cañones hacían salvas de honor por aquel distinguido suceso. Una bandera bisoña, nueva, se pronunciaba al globo entero.
Un general que la pensó y la dio, iniciaba su proclama “¡Soldados de la Patria y hombres de mi mando!: el 25 de Mayo será por siempre memorable en  los anales de la historia…”
De esta forma grandiosa Belgrano enseñaba a su Ejército la causa, el porqué, y el sentido de la lucha que hace unos años estaban llevando con grandes esfuerzos. Plasmaba en un trozo de tela rectangular el color de aquella gesta que, bien decía iba a ser memorable.
Pero ¿de qué se trató realmente este hecho? ¿Qué causas lo originaron? ¿A qué se debe que hoy no se ha podido efectuar el auténtico ideal que inflamó los corazones de muchos hombres que anónimos o no, sucumbieron en el campo de batalla, en los río o mares; en escritorios, asambleas; por la traición, el engaño, la enfermedad? ¿Qué era pues, esa libertad que persiguieron o intentaron alcanzar?
Abandonando las tontas imágenes y figuras que a un individuo del país le pueden venir a la memoria tras ser mencionada la palabra “Revolución de Mayo”. Se proyectarán en ese vulgo inconsciente que es la triste memoria nacional o común, las siluetas de negritos y vendedores ambulantes con dichos pintorescos o aburridos, o las damas y criollos vestidos a la época. O aquellas cintitas que repartían por la plaza. Se dice: “el 25 de Mayo nació la Patria” ¿y que sentido guarda esto?
Hay que entender a la historia como un conjunto de procesos que producen un hecho concreto para luego devenir en suma, a otros vectores que tracen otra resultante para luego pasar a ser vector. Así es el ciclo de la historia, así al menos desde mi perspectiva, es la historia. Nada se origina sin un porque, o sin un síntoma o conglomerados de ellos . Todo pues, es paulatino y progresivo. A veces abrupto, pero gradual al fin.


Pensar que la Revolución de 1810 se lanzó a su pronunciamiento sin antes haber fermentado primero: en las desigualdades sociales y jurídicas que diferenciaban a los criollos de los peninsulares y el comercio en toda su expresión. Segundo: las ideas de varios teóricos liberales que se ejecutaron – muy dispar a la propia utopía- en los levantamientos franceses de 1789 contra la monarquía. Tercero: sin en el antecedente de la insurrección del alto Perú un 25 de Mayo, pero de 1809. Cuarto: sin la atmosfera que se respiró a partir de doblegar a los ingleses en 1806 y 1807. Quinto: sin un Moreno, un Belgrano, un Castelli que, fervientes idealistas se despegaron de un sueño adormecedor e imposible para llevarlo a la misma realidad. Así podría seguir enunciando un sinnúmero de causas y efectos que generaron el memorable hecho de nuestra Revolución. No obstante, muchos insulsos movidos por meras ideas románticas apartadas de las fricciones de la realidad y de las declinaciones miserables del hombre mismo pintan, o distorsionan, el año 1810 y todo lo que esto conlleva, como una acuarela perfecta y majestuosa. Donde todo era noble, bueno y épico. La entonan y cantan con la misma poesía con que Homero trazó su Ilíada.
Si se levanta un monumento a Saavedra y luego, se hace lo mismo a uno de Moreno es absoluta incoherencia. Rendir culto a Carlos de Alvear o Rivadavia es contradecir la conducta y el legado de un San Martín o Guemes. Los primeros se ocuparon de extinguir toda idea justa y digna que movilizaron a ambos guerreros a entregar su vida tanto en la guerra, como en la política. A uno le costó el exilio, y el deceso lejos del suelo por el que libertó. Al otro, nada menos que la vida.
Pero esto que expongo es parte de la historia contada. Dicha narración no atiende más que al gusto e interés de cada sujeto que la reseña. Muchos apoyándose en el oportunismo y lucro, otros en la insensatez o ignorancia.
Pero la naturaleza misma nos enseña desde su misterio que todo tiene un orden, y un equilibrio. Hay una verdad; yo pues, intento seguirla.
El levantamiento en Buenos Aires contra la autoridad virreinal no tuvo otro origen mas que el comercial. Ya contando con el terreno despejado de futuras opresiones o medidas drásticas aquellos que no podían enriquecerse caudalosamente como los monopolistas, vieron en el cautiverio de Fernando VII, y en todos los aires que se respiraban una única oportunidad para ensanchar el estómago del dinero. Con esto se demuestra el obrar de muchos actores de dudoso proceder que hoy cuentan con plazas, bustos, libros y calles. Tenemos aquí el ilustrado ejemplo del fracaso de la Primera Junta, o el retardo de la rápida organización y constitución del naciente país que aun, como un feto, no tenía delimitadas sus fronteras.
Si se entiende la inoperancia y traición de Viamonte en Huaqui, o los negocios oscuros de Rivadavia, se quita el telón de semejante circo. Concluimos como el país que pudo, pero no fue. Deducimos la tristeza con que el patriota Belgrano muere en su lecho, o el veneno que coaguló la sangre de Moreno. Hubo muchos ingratos es verdad, pero también estuvo aquella estirpe digna y virtuosa que- errados o no en los medios- no se apartaron del objetivo ni del camino cual era constituir “un país donde sus hijos pudieran mandar” y esto que decía Castelli connota mucho de una simple oración de carácter político. Había que fundar algo nuevo, algo más próspero y feliz ante tanta desgracia en cualquier latitud de la tierra.  Se encontraban entonces con una inmensa pampa despoblada. Abundante en recursos. Donde no había un sistema indeleble estrictamente establecido; todo era inestable y cambiante. Y podía cambiar. Tampoco se contaba con una identidad común, sola la que la casta o el título daban. No había bandera, ni himno, ni ningún tipo de símbolo propio de un país. Únicamente subsistía la tambaleante construcción de un virreinato cuyos estandartes de opresión e injusticia otorgaban más razones para demoler aquel edificio que un 25 de Mayo fue ruina. Todo se preparó para levantar a la faz de la tierra una nueva y gloriosa Nación. Entonces, esta estirpe visionaria dio bandera, himno, escudo, moneda, pensó el país de una forma; imaginaron e intentaron construir un porvenir próspero como justa herencia a sus hijos, las generaciones venideras, nosotros. Entregaron lo más sagrado que tiene cada individuo, su propia vida. Algunos la extinguieron en el campo de batalla, o bajo el acero enemigo. Otros la apagaron lentamente, como el fuego de una vela que se consume de apoco, por el ardor de su ímpetu y voluntad en aras de esa añorada libertad. Han tenido la enorme gratitud de superponer sobre si mismos el bien público, la verdadera justicia, por sobre una vida cómoda o vulgar. Se comprometieron, y eso es lo que los hace traspasar las fronteras mundanas de los hombres mediocres. Fueron grandes en toda su expresión, no porque quisieron, si no por lo que hicieron. Coherencia, entre idea, realidad, y obra. Esa es sin duda, la excepción de las ilustres personas.
Hoy, sin embargo ya hay himno, bandera, escudo, moneda, leyes, instituciones, Estado, gobierno, e identidad. Ya acontecieron sucesos, procesos, gobiernos, dictaduras, oligarquías, populismos, pretendidas democracias; el país dio gente de renombre ante el globo entero. En la música, el deporte, la literatura, el arte, las ideas. Pero aún sigue pendiente el legado, la razón del sueño de Mayo: un país feliz.
Como si los escombros del virreinato continuaran desparramados y enmohecidos. Parece que nada se ha construido, o todo se ha derribado. Creo más lo segundo.
Las páginas de nuestra historia ya son 201. Bastantes para buscar una excusa que justifique nuestra desdicha. Pocas para dejarse abatir por la realidad. Pero ¿con que mantener las esperanzas, el sueño añoroso de una República próspera, si cada gobierno que sucede, cada vez que pasan los años la situación no es nada favorable, siendo más alejada la distancia entre miseria y prosperidad? Se dice que la juventud no debe apagar el fuego que la caracteriza en pos de la construcción del futuro. Pero ¿con que mantener encendido ese ardor? Y añado ¿ésta juventud? ¿esa clase de bribones, ociosos, y amorfos; desprovistos de toda moral, toda ética y todo honor; que nada entienden, ni nada les preocupa más que placeres vulgares y efímeros? Viendo todo esto solo debo preguntarme lo mismo que se interrogan los forasteros ¿hacia dónde vamos? Y duele más, saber la respuesta: hacia las cadenas. El trágico derrumbe. Donde los escombros todo lo aplastan, y ya en ruina nada se levanta. Solo polvo, tristeza y polvo. Séneca enseñó “ningún viento resulta favorable si no se sabe a qué puerto se dirige”. He aquí una sabia máxima que no se debe olvidar.

lunes, 2 de mayo de 2011

El ocaso del Titán.

 
El hundimiento del crucero de guerra ARA General Belgrano.

El reloj marca las 16:00hs.
Allá  por el horizonte marino, una estela de espuma avanza como precipitada sirena en busca de su naufrago marino. Rectilínea, certera y letal.
De pronto, un gigante de acero, una imponente fortaleza flotante se levanta unos cuantos centímetros del aire. Consecuentemente un estampido, un pavoroso tronar retumba en el desierto helado del Atlántico Sur.
La bestia de metal mal herida se resiste de aquella emboscada. Hace honor a su nombre, a su tradición.
Pero, otra sirena mortal va galopando en ansiosa demencia por la superficie del mar. Su inconfundible melodía de guerra y muerte va acercándose a aquel Leviatán sangrante.
Y nuevamente, se quiebra el silencio de cristal. Aquel bastión de honor, de poderío, no resiste semejante embestida. Nada sobrevive, ni persiste a los efectos infernales de Marte. Poseidón una vez más, necesita de la compañía de los hombres en las solitarias profundidades de su hogar.
El reloj marca las 16:02hs.
Aquella indomable fiera comienza a sangrar en negro espeso. Tiñe las aguas de oscuro luto….
Va escorándose, se inclina como animal depredado en agonía. Sus ojos se apagan lentamente. Aún sigue con vida. Pero ya, cuando las agujas señalan memorablemente las 17.00hs, aquel guerrero del Mar, esa máquina sobreviviente de incontables cicatrices, es arrastrada en la mayor serenidad hacia las tumbas del sediento Poseidón.
Y en ese desierto inhóspito, uniforme y temible se escucha en reiteradas veces el sonido de gargantas fervientes. “¡Viva el Belgrano! ¡Viva el Belgrano!”

El 2 de Mayo pasa a los anales de la historia nacional, como un día triste y lleno de ese dolor entrañable que ni la mas clara prosa, ni la voz más poética pueden, ni llegan a expresar. Es el sentimiento que declina y humedece en gotas robustas que surcan los ojos de un corazón sensible. Que condensan en la mirada baja y silenciosa de un espíritu entristecido. De un corazón que guarda en aquel sagrario el recuerdo intacto de ese gigante de acero que navegó por las aguas del Atlántico, que fue actor protagonista de épicas hazañas desde Pearl Harbor, la Libertadora y la Guerra Austral donde encontrará su descanso eterno.
¿Tiene algún sentido después de casi treinta años sumergirse en el recuerdo para rescatar lo que hoy son un montón de planchuelas longevas, torretas desarmadas, y esqueletos metálicos corroídos, todo ello perdido en un rincón del Atlántico Sur? Queda en cada individuo, en cada lector responderse esta pregunta. Yo por mi parte, la obtuve, y es por eso que emprendo este breve escrito.
El 2 de Mayo del año 1982, durante la guerra de las islas Malvinas, un submarino atómico de bandera inglesa ostentando el nombre de “Conqueror” escupe dos letales torpedos contra aquel crucero de guerra. En una hora exacta sucumbe, junto con 323 tripulantes, en el inmenso cementerio helado y ventoso, que es el Océano austral.
Son muchas las reflexiones que pueden desprenderse de la fecha expuesta. Que van, desde probar la legitimidad del ataque, hasta el retiro de la Marina de Guerra argentina de las aguas bélicas por temor a un nuevo acto mortal de los submarinos británicos.
Pero es preciso, memorar la rica y honorable historia que imprimió el crucero de combate ARA “General Belgrano”. Repasemos brevemente.
Botado en el año 1938 en Estados Unidos bajo la denominación de USS Phoenix, era para la época un respetado y moderno aparato naval de combate. Poseía una eslora (largo) de 185 metros, una manga (ancho) de 18 metros y un puntal (alto) de unos 12.8 metros. Contaba además con considerables elementos de combate. Cinco torretas con tres cañones cada una de 152mm, 8 cañones de doble propósito de 125 mm distribuidos en 4 por cada banda (costados del buque) y además 24 ametralladoras de 20 mm. Y para 1982 llevaba una dotación de 1093 tripulantes. Todo este conjunto de mecanismos bélicos hacían de aquel buque un temible titán de los mares. Velocidad, poderío, modernidad, eran los primeros adjetivos que calificaban a aquel crucero de guerra en la época de su botadura.
Las circunstancias de la Segunda Guerra mundial llevan a imprimir el nombre de USS Phoenix en las páginas de la historia de las armadas del mundo. Razón sencilla. Sobrevivió al aguerrido y audaz ataque de las fuerzas japonesas a la base de Pearl Harbor. Escapando ileso de aquella emboscada, se reúne con otros buques norteamericanos para proseguir las acciones en el Pacífico…
Finalizada la contienda, no son pocos los buques de guerra que pasan a un estado de inactividad o poca operatividad. El Phoenix no quedó exento.
Entrado el año 1951, Argentina decide comprar dos unidades de combate para engrosar su Marina de Guerra. Es así que se adquieren el ya mencionado titán del Pacífico y su gemelo el USS Boise. El primero es rebautizado como “17 de Octubre” fecha que recuerda el inicio del régimen peronista, o el empujón que lo lleva a conquistar el poder tras el numeroso apoyo de las masas reclamando su liberación en la afamada plaza. El segundo como “9 de Julio” en conmemoración de la independencia argentina firmada en Tucumán en el año 1816.
En septiembre de 1955, la Armada se alza junto con un sector considerable del Ejército contra el gobierno de Perón. Bajo un solo objetivo: matarlo o deponerlo. No logrando lo primero, consiguen lo segundo.
El 17 de Octubre es utilizado por el jefe rebelde, alte. Isaac Rojas – que por entonces era director de la Escuela Naval Militar- como buque insignia de las operaciones que tenían por misión combatir las aeronaves de la Aviación y cañonear los abastecimientos de los regimientos del Ejército leales al gobierno.  La Libertadora decide borrar esa fecha histórica y significativa para los partidarios del caudillo destronado y nombra al ex Phoenix como General Belgrano. Nombre del más alto ciudadano y patriota que floreció en el país.
Para fines de la década del 60 el ya viejo Belgrano es afectado por una serie de modernizaciones que prolongan su vida útil. Siendo su más calificable incorporación los misiles anti-aéreos Sea Cat.
Esto es, mencionado superficialmente, los principales hechos que marcaron la vida del legendario crucero. Ahora pues, centrémoslos en el conflicto del Atlántico sur.
Serán escasos, o al menos eso creo, los individuos que ignoren el hecho más destacado durante el año de 1982. No. No fue el mundial de fútbol en España.
Una guerra sorprendía a las radios y a cada habitante del país. Nadie se esperaba en cada rincón de la Republica, la memorable imagen de los soldados ingleses tendidos en el asfalto siendo custodiados por fuerzas argentinas. Todos ellos, con el rostro pintado con betún de combate. Las manos alzadas en señal de rendición y la mirada baja por la tristeza o la vergüenza de no poder reducir, ni hacer retroceder a las tropas argentinas decididas a la victoria. 
La inmaculada Enseña Patria volvía a sacudirse por los aires australes. Su silueta se perdía en las alturas, confundiéndose, mezclándose, como arrancando un pedazo de cielo azul de las Malvinas. Esas islas, usurpadas 149 años atrás, pasaban a formar una vez más parte del mapa político-geográfico de la Republica Argentina.
Pero no todo fue en la contienda de la operatividad victoriosa, ni eficacia de la Operación Rosario. (la acción militar argentina que recupera el archipiélago). Durante el mes de abril, mientras el Reino Unido fiel a un impecable historial militar – al igual que el argentino, aunque éste con menos guerras- se alistaba decidido a la reconquista, Argentina sucumbía diplomáticamente en los organismos internacionales sin apoyo considerable de ningún país fuerte.
Como si la historia fuese irónica, o sus actores cómicos y borrachos, las tropas argentinas comenzaban a mediados de mes a sufrir los efectos de escasez de suministros, el castigo del clima, y la estática pasiva que condena toda acción militar a obtener favorables resultados. Marte parecía inclinar la balanza hacia un costado…
El 1 de Mayo, Gran Bretaña despeja toda duda irracional y utópica de dejar a los argentinos con su trofeo de conquista. Aviones hostiles comienzan a bombardear a los argentinos. Es el inicio de la guerra.
El 2 de Mayo. Se refuerza aquella cuestión. Los estólidos mandos nacionales comprueban la incompatibilidad de su hipótesis con la vida de 323 hombres, y un crucero de combate en el fondo del Océano.
Aquella tarde ventosa en el inmenso Atlántico sur el Belgrano navegaba en soledad por las aguas. Un día antes, el clima no acompañó para lanzar una operación arriesgada contra la flota enemiga. Se quería utilizar la gran mayoría de las naves puestas en escena, con el objetivo de golpear decididamente el corazón de la fuerzas de tareas británicas. Sus buques, y más preciso aún, sus portaaviones.
Por el norte irían el 25 de Mayo (portaaviones argentino)  con su escuadrilla aérea embarcada, escoltado por los modernas fragatas T-42, mientras que por el Sur el Belgrano, el Piedrabuena y el Bouchard interceptarían una posible retirada de las naves enemigas.
Esta intrépida acción “de pinzas o tenazas” fue abortada por un inesperado cese de viento en la pampa azul del Atlántico. Dicho factor, imposibilitó el despegue catapultado de los aviones navales. Tristemente ante tal infortunio, se emprende la retirada. Marte parecía haber inclinado la balanza…
Hacía algunas horas que un submarino atómico inglés venía persiguiendo al Belgrano. Sin saber este ultimo de aquel sigilo, la plana mayor del submarino envía en reiteradas ocasiones la autorización al alto mando inglés para disparar contra el crucero. Como éste se encontraba fuera de la zona de exclusión impuesta por ellos mismos, Gran Bretaña en primera instancia negó ejecutar dicho ataque.
Ahora bien  ¿si el Reino Unido conociendo la posición del buque argentino y sabiendo que no estaba en la zona hostil impuesta por ellos, bajo que criterios o argumentos ordenan el hundimiento del Belgrano? Por la razón más profunda y acabada que puede haber. Bajo el solo argumento de la guerra.
Siendo concientes de la enorme posibilidad de derrotar a la marina argentina con un solo ataque, debilitar su moral, y demostrar el poderío militar de sus fuerzas navales ante la incompetencia de los buques argentinos de poder responder a los ataques submarinos, se lleva a cabo la acción letal contra el crucero nacional.
Este supuesto que planteaban los mandos navales enemigos devino en realidad. Tras el hundimiento del crucero, toda la Armada Argentina se repliega a aguas menos profundas y más cercanas al continente de modo que, no se comprometa un solo buque más ante el poderío silencioso de los submarinos atómicos.
Con solo dos torpedos, ocasionan la muerte de 323 hombres. Casi la misma cifra de los soldados argentinos que caen combatiendo en tierra durante toda la contienda.
Logran generar un gran problema de logística y abastecimiento tras el retiro de los buques de las aguas hostiles. Y golpean decididamente la moral combativa de las fuerzas nacionales.
 Se cuestiona hasta hoy en día la medida de abatir al Belgrano pese haber estado fuera de la zona bélica impuesta por los británicos. Titulándola principalmente como crimen de guerra. Pero todo militar sabe que la guerra es una puja constante de intereses. Donde las posibilidades se dan una vez, y el no saber aprovecharlas ocasiona una variación de las acciones venideras, mayormente con efectos negativos. Que el llamado a respetar aún en medio de la contienda al enemigo, o garantizar su vida bajo ciertos puntos de la denominada guerra justa o racional, son todos maquillajes o riendas poco firmes que intentan sujetar la crueldad ominosa del hombre en guerra. Su misión es el triunfo. Y los medios, tristemente, poco importan.
Queda en cada jefe de armas, en su moral y conciencia, contemplar y reflexionar sobre que pesa más. La certeza de una matanza con probabilidades de victoria, o la pasividad ante ocasiones ventajosas que, desaprovechadas, pueden condenar a aquel misericordioso. La vida del hombre, aún la del enemigo, siempre guarda algo de dignidad. Pero mientras tenga las armas en su mano sigue siendo el peligroso enemigo. Y esto es una máxima de la guerra.
¿Quién sabe que sucedería si el crucero de combate argentino no fuese torpedeado por los británicos? ¿Quién dice que, de haber tenido los argentinos una oportunidad semejante de atacar vilmente alguna unidad inglesa no la hubiesen ejecutado? El General Belgrano poseía un respetado poder naval de fuego. Sus torretas con tres cañones podían asestar certeros inconvenientes a las fuerzas británicas; tanto en el mar, como incluso en tierra.
Empero esta cuestionada reflexión que deja siempre la ominosidad de la guerra no se agota en cálculos, ni supuestas hipótesis. Existe en nuestra historia una valiosa ilustración.
El ejemplo magno que dio nuestro General Manuel Belgrano luego de aplastar al ejército del Rey en Salta en 1813 deja un análisis a considerar sobre la temática expuesta. Habiendo vencido a su oponente, y capturando a todo sus fuerzas – desde el comandante hasta el último soldado- decide no pasarlos por las armas bajo la condición de no volver a levantar las armas contra la causa de la Revolución. Su jefe cumple, pero muchos de esos soldados se volvieron a las filas del Rey y tomaron venganza en las pampas de Ayohuma. Volvemos a la polémica cuestión sobre que medida toma más peso, o debe aplicarse.
Como ya se sabe, ese 2 de Mayo el HMS Conqueror dispara tres torpedos contra el crucero argentino. Dos impactan. El primero en la sala de máquinas. El segundo le arranca casi 15 metros de proa. El titán mal herido da cierta pausa antes de morir, como queriendo dar una oportunidad de sobrevivir a sus tripulantes. El reloj marca las 16:02hs.
Casi veinte minutos después del ataque, el capitán del buque – Capitán de Navío Héctor E. Bonzo -  da la más difícil e indeseable orden de un comandante de mar. Abandonar la nave…
Sin luz, bajo un infierno de gritos y desgarros, explosiones debido a las combustiones internas en el buque, obstáculos, desesperación, llanto, sangre, muerte, vida, todo en juego. Así debieron sortear y conseguir el pasaje de subsistir en el diminuto estrecho que otorga un barco hundiéndose, entre la vida y la muerte los hombres de mar de aquella nave.
Ya para las 17:00hs, en esa tarde ventosa, agobiante y helada en el Atlántico Sur, el crucero General Belgrano muere con la misma serenidad de quien ostenta su nombre. Baja despacio y silencioso a las profundidades misteriosas del Océano. Se hunde, no queriendo cesar su vida, anhelando navegar más millas y acumular cuantiosas hazañas. Desaparece de la superficie marina, sin llevarse consigo a ninguna balsa que lo contorneaba.
Los sucesos que devienen tras el deceso del buque solo pueden ser contados con sincero expresionismo en acuarelas tristes de realidad, por aquellos tripulantes que consiguieron valerosamente vencer la guerra interna de morir o vivir.
Las intensas y marcadas horas en ese solitario mar. Los vientos de más de 50 kilómetros, olas de diez metros, temperaturas bajo cero, la balsa que se agitaba como queriendo despegar de la superficie del mar. La duda del retorno. La incertidumbre. El miedo encarnado. La milésima de segunda que se convertía en la eternidad infinita como la del Universo. Esa alianza con Dios ante la certeza de padecer como gárgolas de hielo; una mente apagada revolucionándose con miles de millones de imágenes de familiares, amigos, barrio, patria. Un corazón que comienza a mutar con la silueta física de las islas Malvinas, y allí casi en el mismo instante, se graba, se imprime, se colorea con gotas coaguladas de bandera argentina la leyenda indeleblemente inmortal “Crucero ARA General Belgrano” 


2 de Mayo del año 2011. Ciudad de Mar del Plata, Buenos Aires. La Guardia del Sur.